Los informes médicos revelaron la verdad:
Claudia no había muerto en el acto.
Había caído en un coma profundo tras el accidente.
Durante horas, el cuerpo de su bebé había mantenido una actividad mínima en el suyo, como si la vida se negara a rendirse.
Claudia no sobrevivió.
Pero dejó algo eterno.
Elías llamó a su hijo Gabriel —mensajero de Dios.
Hoy, cada vez que lo sostiene en brazos, recuerda aquel instante en el crematorio.
Ese momento en que la muerte creyó haber ganado…
Y la vida, silenciosamente, decidió resistir.
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