Mientras levantaba el cuchillo para cortar el pastel de bodas, mi hermana me abrazó fuerte y susurró: «Apártalo. Ahora». -OO
Pero yo solo oía el latido en mis oídos.
Y la respiración entrecortada de Ana detrás de mí.
—Ana… ¿qué está pasando?
Ella tragó saliva.
—Hay vidrio.
—¿Qué?
—En el pastel. Enterrado en la crema. Trozos grandes. Filosos.
—¿Cómo… cómo sabes eso?
Ana apretó aún más. Mi brazo comenzó a doler.
—Lo vi. Cuando lo trajeron. No se dieron cuenta de que yo estaba cerca. Lo corté por dentro con una espátula. El relleno estaba revuelto con pedazos de cristal. Mucho. Suficiente para… —su voz se quebró— suficiente para matarte si lo muerdes.
El corazón me dejó de latir por un segundo.
—¿Estás segura?
—Segurísima.
—¿Quién… quién haría algo así?
Ana no respondió.
Porque no hacía falta.
Ambas miramos al mismo lugar al mismo tiempo.
A Daniel.
A su sonrisa impecable.
Sus ojos brillando como si esperara algo más que el corte.
Algo más que un momento simbólico.
Esperaba que yo diera el primer bocado.
Como él había insistido tantas veces que hiciéramos.
El primer bocado.
Mío.
El frío del cuchillo ahora era insoportable contra mi piel.
Ana murmuró cerca de mi oído:
—Si cortas ese pastel, vas directo al hospital… si llegas.
Todo se movía en cámara lenta.
Los invitados.
Las luces.
La música.
Y él. Observándome.
Entonces sonreí.
Continua en la siguiente pagina
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
