Mientras levantaba el cuchillo para cortar el pastel de bodas, mi hermana me abrazó fuerte y susurró: «Apártalo. Ahora». -OO
—¿Quién te lo dijo?
Mi piel se heló.
No porque preguntara.
Sino porque lo confirmó.
Lo sabía.
Lo había planeado.
Y ahora quería saber quién arruinó su plan.
Ana apretó mi mano.
Yo la sostuve.
Esto ya no era una boda.
Era el comienzo de algo mucho, mucho más oscuro.
