MILLONARIO LLEGA A CASA Y VE A SU HIJA TEMBLANDO CON LA ROPA EMPAPADA

Luego, con el cuerpo ardiéndole de rabia, salió del baño y fue directo al cuarto principal.

Raquel estaba recostada en la cama, audífonos puestos, hojeando una revista de moda como si el mundo no estuviera a punto de partirse. La luz de la lámpara le dibujaba una paz falsa en la cara.

Javier le arrancó los audífonos de un tirón.

—¿Qué demonios te pasa? —estalló.

Raquel se incorporó sobresaltada.

—¡Javier! ¿Estás loco? ¿Por qué haces eso?

—¿Por qué? —repitió él, con una risa amarga—. Dejaste a mi hija de ocho años bajo la lluvia hasta empaparla. Luego la obligaste a quedarse con la ropa mojada tres horas. Tiene hipotermia, Raquel. HIPOTERMIA.

Raquel frunció la nariz, como si le molestara el drama.

—No seas exagerado. Solo estaba mojada.

—Está en la tina temblando como si se fuera a romper. Sus labios están azules. Llamé una ambulancia.

—¿Ambulancia? —Raquel abrió los ojos—. De verdad estás haciendo un espectáculo.

—Y también viene el DIF —dijo Javier, sin pestañear.

La cara de Raquel se vació de color.

—¿Llamaste a…? ¿Estás…?

—No los llamé yo. Los notificó la operadora cuando escuchó lo que hiciste. Porque sí, Raquel: eso que llamas disciplina es abuso.

Raquel bajó los pies de la cama, defensiva, casi ofendida.

—Fue una lección. Sofía necesita aprender responsabilidad.

—¿Responsabilidad? —Javier dio un paso, y su voz se volvió fría—. ¿La responsabilidad de no morirse por tu “lección”? ¿Eso es lo que querías enseñar?

—Yo no sabía que iba a pasar eso. Solo…

—Solo querías castigarla. Punto.

 

 

 

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