MILLONARIO LLEGA A CASA Y VE A SU HIJA TEMBLANDO CON LA ROPA EMPAPADA

—No lo sé. Pero si algún día pasa, tú vas a conocer muy bien a esa persona. Y si algo te hace sentir incómoda… no va a pasar. Tú eres mi prioridad.

Sofía se levantó y lo abrazó con fuerza.

—Te quiero, papá. Gracias por salvarme ese día.

Javier cerró los ojos. En su cabeza volvió la imagen del sofá empapado, los labios azules, el miedo. Y también volvió la otra imagen: su hija abrazándolo, tibia, viva, segura.

—Yo te quiero más —susurró—. Y te prometo algo: nunca más vas a estar sola cuando tengas miedo. Nunca más.

Afuera, la lluvia volvió a caer suave sobre los árboles. Adentro, por primera vez en mucho tiempo, la casa se sintió como debía sentirse: no como una mansión, sino como un refugio. Y Sofía, la niña que había aprendido demasiado pronto lo que era temblar de frío, empezó a aprender —despacio, con ayuda— lo que era temblar solo de risa.

 

 

 

ver continúa en la página siguiente

Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.