Mis padres gastaron $180,000 en la carrera de medicina de mi hermano, pero me dijeron: «Las chicas no necesitan títulos. Solo búscate un marido». Años después, en la fiesta de compromiso de mi hermano, mi padre lo presentó como «nuestro hijo exitoso», sin saber que su prometida era mi antigua paciente.
Y algunas personas nunca aprenden a ser otra cosa. La lección que quiero dejarles es esta: no se pueden sanar las heridas que se niegan a reconocer. Ya sea un padre que los desestimó, un hermano que compitió con ustedes o un sistema que los subestimó, el camino a seguir comienza con la honestidad.
Sean honestos sobre lo que sucedió.
Sean honestos sobre cómo los afectó.
Y sean honestos sobre lo que están dispuestos a aceptar de ahora en adelante.
Esa es la historia.
Gracias por acompañarme en todo momento.
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