—¡Muévete! ¡Campesino! ¡Mírate! ¡Probablemente estés usando cupones de alimentos! —gritó, empujando su carrito contra la mujer embarazada, sin darse cuenta de que el hombre que observaba desde la puerta era el dueño.

CAPÍTULO 6: LA CASA SILENCIOSA

El camino a casa fue silencioso. Sarah llevaba la mano de Leo en el asiento trasero. Alexander conducía con una mano en el volante y la otra agarrando la de Sarah.

Entraron en la entrada de su finca. Era magnífica, sí, pero dentro hacía calor. Olía a las velas de lavanda de Sarah y a las galletas que había horneado ayer.

Alexander trajo la compra. Puso los pepinillos en el mostrador. Abrió el frasco.

"Toma", dijo, entregándome

 

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