mx1″Soy Mayor Para Ti”, Dijo la Viuda — El Joven Camionero Sonrió y la Hizo Temblar Hasta el Amanecer
“Sí”, respondió con determinación. “Voy a luchar, Diego, por mí, por Javier, por ti. Voy a luchar por tener un futuro. Nuestro futuro, corregí.” Sofía sonrió y fue la sonrisa más hermosa que había visto. Nuestro futuro. Pasaron tres días antes de que me dieran de alta. Sofía no se separó de mi lado ni un momento.
Hablamos de todo, de sus miedos, de mis esperanzas, de cómo sería nuestra vida cuando todo esto terminara. “Quiero que vengas conmigo a Houston”, dijo una noche mientras veíamos el atardecer desde la ventana del hospital durante el tratamiento. Sé que es mucho pedir. Sé que tienes tu vida, tu trabajo. Sofía la interrumpí.
No hay nada en mi vida más importante que tú. Iré a donde tú vayas. Ella me besó entonces suavemente como si tuviera miedo de romperme. “Te amo”, susurró contra mis labios. “Yo también te amo”, respondí. “Y vamos a tener nuestro final feliz, te lo prometo.” Pero ambos sabíamos que las promesas eran frágiles, especialmente cuando se trataba de la vida y la muerte.
Sin embargo, en ese momento decidimos creer. Decidimos creer en los milagros, en el amor, en la posibilidad de que dos personas rotas pudieran sanar juntas. My Big Titi 6 meses después estaba parado en el aeropuerto de Houston esperando. Sofía había estado en tratamiento durante todo ese tiempo y yo había estado con ella en cada paso del camino.
Había sido duro la quimioterapia, la radiación, los días en que ella estaba tan débil que apenas podía levantarse de la cama. Pero también había sido hermoso. Habíamos aprendido a apreciar cada momento, cada sonrisa, cada amanecer. Habíamos construido una vida juntos en medio del caos, una vida pequeña, pero nuestra. Y ahora esperaba los resultados de los últimos estudios.
Los doctores habían llamado a Sofía esa mañana pidiéndole que fuera a la clínica. Yo había querido acompañarla, pero ella insistió en ir sola. Necesito hacer esto por mí misma, había dicho. Pero te prometo que sin importar lo que digan, estaremos juntos. Así que esperaba con el corazón en la garganta viendo a la gente pasar.
Familias reuniéndose, amantes despidiéndose, viajeros solitarios perdidos en sus pensamientos, cada uno con su propia historia, sus propias batallas. Entonces la vi. Sofía caminaba hacia mí y en su rostro había algo que no podía descifrar. tristeza, alivio, miedo. Cuando llegó frente a mí, se detuvo.
Nos miramos durante un largo momento, el mundo entero desapareciendo a nuestro alrededor. ¿Y bien?, pregunté, apenas capaz de respirar. Sofía sonrió y fue una sonrisa que iluminó todo el aeropuerto. “Remisión completa”, dijo su voz quebrándose. “Diego, estoy en remisión completa. El cáncer se fue.
No recuerdo haberme movido, pero de repente ella estaba en mis brazos y ambos estábamos llorando y riendo al mismo tiempo. La gente nos miraba, pero no me importaba. Lo único que importaba era que ella estaba viva, que teníamos un futuro, que los milagros sí existían. Te lo dije, susurré en su oído. Te dije que íbamos a tener nuestro final feliz.
Sí, respondió, besándome con una pasión que prometía mil mañanas más. Sí, lo dijiste. Nos quedamos así, abrazados en medio del aeropuerto, dos sobrevivientes que habían encontrado el amor en el lugar más inesperado. Y mientras la sostenía, supe con absoluta certeza que no importaba lo que el futuro trajera, lo enfrentaríamos juntos.
Porque el amor no conoce edad, no conoce límites, no conoce imposibles. El amor simplemente es. Y el nuestro era real, era fuerte y era para siempre. Un año después estaba parado frente a una pequeña casa en las afueras de Querétaro. Era modesta pero acogedora, con un jardín donde Sofía había plantado rosas y jaes.
El Kenworth estaba estacionado afuera, ahora con un nuevo logo pintado en el costado. Transportes Morales Ansalazar. Sofía había insistido en que usáramos su apellido de casada en honor a Javier. Era su forma de mantenerlo vivo, de asegurarse de que su muerte no había sido en vano. Ramón estaba cumpliendo tres cadenas perpetuas y la empresa familiar había sido liquidada con los fondos yendo a organizaciones de víctimas de corrupción.
Héctor había ganado premios por su reportaje y se había convertido en una voz importante en la lucha contra la corrupción en México. Nos visitaba regularmente, siempre con nuevas historias, nuevas batallas que pelear, pero nosotros habíamos encontrado nuestra paz. Yo seguía trabajando como camionero, pero ahora con Sofía a mi lado.
Ella había vuelto a enseñar dando clases de literatura en una escuela local. Los fines de semana viajábamos juntos explorando las carreteras de México, creando nuevos recuerdos. ¿En qué piensas?, preguntó Sofía saliendo de la casa con dos tazas de café. En lo afortunado que soy, respondí tomando una taza y atrayéndola hacia mí.
Nosotros, corrigió, lo afortunados que somos nosotros. Tenía razón. Contra todo pronóstico, contra todas las probabilidades, habíamos sobrevivido. Habíamos encontrado el amor en medio del caos, la esperanza en medio de la desesperación, la vida en medio de la muerte. Soy vieja para ti”, dijo Sofía con una sonrisa traviesa, repitiendo las palabras que había dicho aquella primera noche.
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