NACIDA “FEO” Y ABANDONADA POR SUS PROPIOS PADRES… ¡TODOS PALIDEARON CUANDO VOLVIERON A VERLA!
Un anciano pepenador llamado Don Hilario pasó por ahí buscando chatarra y madera arrastrada por la corriente. Entre el ruido de la lluvia, escuchó un llanto débil. Corrió, abrió el costal y encontró a la niña.
En lugar de asustarse, la abrazó con ternura.
“Pobrecita… mi angelito. Ya estás a salvo,” susurró.
La llamó Ángela.
Ángela creció con Don Hilario en una casita humilde en Iztapalapa, Ciudad de México.
La vida era dura. Los niños de la calle le gritaban:
“¡Monstruo!”
“¡Fea!”
“¡Bruja!”
Ella regresaba llorando, pero Don Hilario siempre la consolaba.
“Hija, no escuches eso. La belleza verdadera está en el corazón. Tú eres buena, eres lista… un día todos se van a sorprender contigo.”
Y tenía razón.
Pese a las dificultades para hablar por su condición, Ángela siempre fue la mejor alumna. Su inteligencia llamó la atención de una misionera estadounidense que visitó la comunidad. Impactada por el talento de la niña, la llevó como becada a los Estados Unidos, donde recibiría cirugías reconstructivas.

La despedida fue dolorosa.
“Regresaré por usted, papá Hilario… lo sacaré de la pobreza, lo prometo,” lloró Ángela.
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