Nadie se atrevía a cuidar a esta mujer rica atrapada en su propio cuerpo. Ella alejaba a todos con rabia y dolor. Hasta que un joven pobre hizo algo que nadie más fue capaz de hacer

La última escena fue sencilla y por eso poderosa. Adriana observando el jardín desde su silla. Julián mostrándole en una tablet los avances de la obra. Los primeros muros ya estaban en pie. Muros para que alguien tuviera un hogar. Muros para que ella volviera a construir futuro.

Adriana sonrió sin amargura.

Yo pensé que la gente solo venía a quitarme dijo con la voz suave. Y alguien vino a devolverme.

Julián bajó la mirada con una sonrisa discreta.

Nos devolvimos los dos.

Y en esa casa donde antes solo existían gritos por fin hubo silencio. Un silencio lleno. Un silencio que sonaba a paz. Y a futuro

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