Un año después, madre e hija regresaron juntas a Puerto Vallarta. Caminaron de la mano por el malecón y depositaron flores blancas en el mar, no como despedida, sino como cierre.
—Ya no tengo miedo —dijo Sofía—. Ahora sé quién soy.
Elena sonrió. Ocho años de oscuridad no habían vencido al amor.
Porque a veces, incluso después de la más larga desaparición, la vida elige devolvernos lo que nunca debió perderse.
Y esta vez, para siempre
ver continúa en la página siguiente
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
