Parte 1: La mañana en que mi perro no dejaba de arañar la puerta

Más tarde esa noche, volví a estar junto a la ventana, con el suéter amarillo doblado en las manos. Ya no me pesaba. Sentía un significado especial.

"Ahora lo veo", susurré en la habitación silenciosa. "Lo que nos dejaste".

Afuera, el mundo estaba en calma. Adentro, la vida respiraba suavemente a mi alrededor.

El amor había encontrado la manera de quedarse.

Y poco a poco, con suavidad, estábamos aprendiendo a vivir con él.

 

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