Poco antes de la boda, la novia escuchó la confesión del novio y decidió vengarse de él.

Camila cerró los ojos por un momento. El dolor no la sorprendió. Confirmó sus sospechas.

“Lo sé, papá”, dijo en voz baja. “Yo me encargaré de todo. Pero… prométeme que no te culparás.”

Esa misma noche, Marina activó

siguiente paso: denuncia formal, auditoría interna, preservación de pruebas. No hubo un escándalo público inmediato, solo un procedimiento firme.

Cuando Rafael se dio cuenta de que lo habían descubierto, intentó llamar a Camila una y otra vez. Ella no contestó.

Por primera vez, dejó que el silencio hablara.

Rafael fue citado y luego arrestado para declarar. Intentó defenderse diciendo que "todo estaba acordado". Pero los registros bancarios no conmueven. Las citas no perdonan. Los documentos no enamoran.

 

 

 

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