¡Qué shock visitar a mi amiga en el hospital! Mi esposo la estaba cuidando. Retiré mis activos y los bloqueé...

Terminé la llamada, arranqué el coche y vi mi reflejo en el retrovisor.
La mujer que lloraba en ese pasillo se había ido.
Solo quedaba Sofía, la directora general, que por fin había aprendido lo que cuesta la compasión.
Mi teléfono vibró: un mensaje de WhatsApp de Ricardo.
"Amor mío, he llegado a Valencia. Estoy agotada. Me voy a dormir. Besos. Te quiero."
Me reí en voz baja, cortante, sin humor.
Luego escribí mi respuesta con perfecta calma. “Está bien, cariño. Duerme bien. Que tengas dulces sueños, porque mañana podrías despertar con una realidad sorprendente. Yo también te quiero”.
Enviar.
Y mientras la pantalla se apagaba, una sonrisa torcida se dibujó en mis labios.
El juego había comenzado oficialmente.

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