REPARA ESTE MOTOR Y ME CASO CONTIGO” —La CEO se burló del mecánico … PERO ÉL LO …

Durante esas dos horas, Jamal revisó cada detalle, hizo preguntas quirúrgicas, ajustó el motor con precisión extrema. Descubrió desajustes entre sensores alemanes y el procesamiento brasileño, problemas que los ingenieros no habían detectado.

Cuando faltaban quince minutos, dijo:

—Listo. Pueden encender.

El motor cobró vida. Los indicadores se volvieron verdes. La sincronización fue perfecta. El sistema autónomo respondió con estabilidad. Los alemanes quedaron boquiabiertos.

Vitória miró a Jamal como nunca antes: había salvado su empresa, su reputación y un contrato vital. Klaus se acercó y dijo:

—Señor Santos, ¿qué es usted?

—Ingeniero —respondió Jamal con humildad—. Trabajé en Alemania, Mercedes, BMW, VW. Vi este problema varias veces.

Vitória susurró:

—¿Por qué nunca dijo nada?

—Porque nadie preguntó. Durante cinco años me vieron como “el de la limpieza”.

Vitória pidió disculpas y le ofreció la dirección técnica, autonomía y salario alto. Jamal aceptó, pero con una condición: identificar talentos invisibles, gente subestimada que nadie había visto.

En semanas, formó un equipo que sorprendió a todos, incluyendo delegaciones alemanas. La lección fue clara: el talento real no vive en un cargo; vive en la persona. A veces, lo único que necesita alguien para cambiar el mundo es que alguien deje de reírse y pregunte: “¿Qué sabes hacer?”

 

 

 

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