Revelación de la riqueza oculta: una lección de vida inspiradora
Los días siguientes se asentaron en la vida de Lakshmi como una marea tranquila, constante e imprevista. En Shanti Niketan, las mañanas comenzaban con suaves pasos en el pasillo y el lejano tintineo de tazas de acero. El árbol de neem frente a su ventana susurraba suavemente, sus hojas filtraban la luz del sol en patrones que se desplazaban por el suelo con el paso de las horas.
Aprendió los nombres de las enfermeras, el ritmo de sus turnos, las sutiles diferencias en sus voces. Meena tarareaba mientras ordenaba las bandejas de medicamentos. Otra enfermera, Savita, hablaba poco, pero siempre ajustaba el chal de Lakshmi con cuidado cuando las noches refrescaban. Estos gestos eran pequeños, pero transmitían una dignidad que Lakshmi no se había dado cuenta de que le faltaba.
Se unía a las demás durante los paseos matutinos, a paso lento pero decidido. Kamala solía caminar a su lado, compartiendo historias que vagaban agradablemente entre el pasado y el presente. A veces reían de cosas triviales. A veces simplemente caminaban en silencio, escuchando a los pájaros y el tráfico lejano, compartiendo una comprensión sin palabras que solo llegaba con la edad.
Por la noche, Lakshmi a veces permanecía despierta, pensando en Aarav. Imaginaba sus manos, antes envueltas alrededor de sus dedos, ahora sosteniendo crayones, juguetes, la dupatta de su madre. El dolor seguía ahí, un silencioso compañero, pero ya no la vaciaba. Había aprendido a contenerlo sin dejar que la consumiera.
Riya no regresó.
Los días se convirtieron en semanas. Las llamadas llegaban y luego cesaban. Los mensajes se escribían y borraban por ambos lados, nunca se enviaban. En casa de su hija, la ausencia se había vuelto imposible de ignorar. Las comidas se sentían incompletas. Las habitaciones resonaban. Aarav se volvió más silencioso, sus preguntas eran menos frecuentes pero más intensas.
"¿Por qué ya no viene Daadi?", preguntó una noche, mirando su vaso de jugo intacto.
Riya no tenía respuesta. Se dio la vuelta, mientras el recuerdo de esa tarde se repetía con despiadados detalles. Sus propias palabras resonaban en ella, ahora más nítidas, desprovistas de justificación. Cada recuerdo se sentía como la presión sobre un moretón.
Intentó volver a la rutina, pero el consuelo que antes le proporcionaba la presencia constante de su madre había desaparecido. La casa ahora exigía atención. El trabajo que Lakshmi había realizado comenzó a emerger invisiblemente, un rincón sin limpiar, una tarea olvidada a la vez.
Y debajo de todo eso yacía algo más pesado.
Arrepentimiento.
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