“Solo me queda un año de vida. Cásate conmigo, dame un hijo y tu familia no volverá a tener problemas económicos”, dijo el rico terrateniente.

 

Los papeles estaban sobre el escritorio.

No pretendía leer los documentos de otra persona. Pero su mirada se fijó en palabras familiares: fecha, firma y sello de la clínica.

 

 

Ella se acercó lentamente.

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