Trabajé para mario moreno y esa noche descubrí al hombre que nadie conocía…

La casa estaba en la colonia Nápoles. Era enorme, elegante, con jardines hermosos y una fuente en la entrada. Toqué el timbre temblando de nervios. Me abrió una mujer de unos 40 años, seria, bien vestida. Era la administradora de la casa. me hizo pasar a una sala pequeña y me entrevistó durante casi una hora. Me preguntó de dónde venía, qué sabía hacer, si tenía familia a la ciudad, si sabía leer y escribir, si podía guardar secretos. Esa última pregunta me pareció extraña, pero respondí que sí, que yo era muy discreta.Ella me miró fijo a los ojos y me dijo algo que nunca olvidaré. me dijo que esta casa era diferente, que el señor de la casa era una persona muy pública, muy reconocida, que necesitaban empleados que entendieran que lo que pasara dentro de esas paredes debía quedarse ahí. Asentí sin entender completamente a qué se refería. Entonces me dijo el nombre, ¿vas a trabajar para el señor Mario Moreno? Cantinflas. Sentí que el corazón se me detenía. Cantinflas. El Cantinflas, el actor más famoso de México, no lo podía creer.Yo había visto sus películas en el cine de mi pueblo. Ahí no es peladito, ni sangre ni arena. Ese hombre nos hacía reír hasta llorar. Era un ídolo nacional, un orgullo mexicano. La administradora sonrió al ver mi reacción. me dijo que sí, ese Cantinflas, pero que dentro de la casa él era simplemente el señor Mario, un hombre normal que valoraba su privacidad y necesitaba empleados en quienes pudiera confiar. Me ofreció el trabajo. El salario era el doble de lo que ganaban otras empleadas domésticas.

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