Algunos momentos llegan sin previo aviso y transforman todo lo que creías saber sobre tu vida. Tras más de dos décadas de matrimonio, una mujer experimentó precisamente ese tipo de momento durante lo que debería haber sido un viaje de negocios normal y corriente.
Llevaba veintiséis años casada con un hombre al que conoció de la forma más común: en una ferretería, donde él estaba frustrado por un producto defectuoso. Ese encuentro casual dio lugar a una boda seis meses después y a una vida juntos construida a base de una firme determinación y un compromiso mutuo.
Su relación no se basó en grandes gestos ni en un romance dramático. En cambio, se construyó a la manera tradicional: a través del trabajo constante, responsabilidades compartidas y la superación de los desafíos de la vida juntos como equipo. Cuando trajeron a casa a su primer hijo del hospital, ambos padres se sintieron completamente desprevenidos para la responsabilidad. Pero la resolvieron juntos, como harían con cualquier otro desafío posterior.
Construyendo una vida a través de la confianza y la colaboración
Con los años, esta pareja construyó el tipo de vida estable y predecible que muchas personas aspiran a mantener. Mantenían horarios con códigos de colores en el refrigerador y compartían un calendario digital para coordinar su ajetreada vida doméstica. Pidieron los mismos cafés durante veinte años sin variación. La confianza y la rutina se convirtieron en la base de su relación.
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