Un millonario finge estar paralizado para poner a prueba a su novia, pero encuentra el verdadero amor donde menos lo espera…

—No —dijo Adrien simplemente—. No estoy paralizado. Quería saber si me amabas a mí o a mi fortuna. Ahora tengo mi respuesta.

Su rostro se contrajo entre la furia y la vergüenza. “¿Me engañaste? ¿Sabes lo cruel que es eso?”

Él la miró con calma. «No hay nada más cruel que fingir amar a alguien que nunca te importó».

La voz de Cassandra se alzó con ira, pero sus palabras se perdieron en la distancia. En menos de una hora, se había marchado: su ropa hecha la maleta, sus pendientes de diamantes olvidados en la cómoda.

Adrien permaneció de pie en el silencio vacío de la mansión, sin sentir ninguna satisfacción, solo agotamiento.

Entonces oyó una voz suave desde la puerta. —¿Señor?

Era Marbel, que llevaba una bandeja con su desayuno. Se detuvo al verlo de pie, abriendo mucho los ojos.

—Supongo que ahora ya sabes la verdad —dijo con una débil sonrisa.

Marbel vaciló un instante y luego asintió. —Lo sospechaba. A veces movías las piernas… cuando creías que nadie te veía.

Exhaló, sorprendido. —¿Y no dijiste nada?

—Creí que tenías tus razones —dijo en voz baja—. No me importaba la mentira. Lo que vi fue soledad, y quise ayudar.

Su honestidad hirió más que cualquier acusación. A Adrien se le hizo un nudo en la garganta. —Lo siento —susurró—. Por el engaño… y por lo que me costó.

Y entonces, detrás de él, la mano serena de Marbel se posó en el asa de su silla de ruedas. No dijo nada; su silenciosa fortaleza se interponía entre él y la humillación.

En ese momento, el corazón de Adrien se rompió por completo.

 

 

 

 

ver continúa en la página siguiente

Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.