Una oferta inesperada
Empujó el sobre hacia ella. "Tómalo."
Clara retrocedió. —No. Te lo dije: no soy una ladrona.
—No es un regalo —dijo en voz baja—. Es un préstamo. Sin intereses. Sin papeleo. Solo ayuda. Ayuda para alguien que intenta hacer lo correcto.
Las lágrimas rodaron por las mejillas de Clara. "¿Por qué haces esto?"
Porque te juzgué mal. Y porque... una vez, alguien me ayudó cuando no lo merecía. Quizás ahora me toque hacer lo mismo.
¿Qué vino después?
Clara tomó el sobre con manos temblorosas, y su agradecimiento fue casi inaudible entre las lágrimas. Arthur permaneció en silencio mientras ella se alejaba, sintiendo que el peso de su alma comenzaba a aliviarse.
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