
manda pasó años dejando ropa hecha a mano en un orfanato, convencida de que su bondad permanecería para siempre en el anonimato. Pero la mañana en que abrió su puerta y encontró dos cajas esperándola, su corazón se estremeció. ¿Quién la había encontrado? ¿Y qué podían contener tras tanto tiempo?
Amanda nunca había imaginado que su vida acabaría así. A sus 73 años, vivía en un pequeño apartamento de una habitación a las afueras de la ciudad, sobreviviendo con un modesto cheque de la Seguridad Social que parecía encogerse un poco más cada año.
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