Una enfermera de cuidados paliativos comparte la reflexión que escucha una y otra vez en el último capítulo de la vida.
Reflexiones sobre el final de la vida
Cuando las personas llegan al último capítulo de sus vidas, las conversaciones suelen cambiar.
Las preocupaciones cotidianas pasan a un segundo plano. Los horarios, las fechas límite y los planes a largo plazo pierden su urgencia. En cambio, las personas comienzan a mirar atrás, reflexionando sobre cómo vivían y qué era lo que más valoraban.
Según Julie, muchas personas se vuelven notablemente honestas durante esta etapa. Hablan abiertamente, no para quejarse, sino para comprender sus experiencias.
Un arrepentimiento surge con frecuencia: pasar demasiado tiempo trabajando.
Julie reconoce que esta es una realidad compleja. La mayoría de las personas trabajan porque deben hacerlo. Las responsabilidades, las necesidades familiares y las presiones financieras dejan poco margen para alternativas. Aun así, dice que muchos desearían haber encontrado más equilibrio, más momentos de presencia y más tiempo para las relaciones que les importaban profundamente.
Pero hay otra reflexión que escucha con aún más frecuencia.
Y a menudo sorprende a la gente.
La reflexión que la gente no espera
Julie explica que el sentimiento más común que escucha no tiene que ver con carreras profesionales ni con oportunidades perdidas.
Es mucho más simple.
Muchas personas dicen que desearían haber apreciado su salud mientras aún la tenían.
Cuando la salud se siente estable, es fácil pasarlo por alto. Poder respirar con facilidad, caminar sin esfuerzo, dormir cómodamente o disfrutar de una comida sin molestias puede parecer algo común. Estas capacidades se desvanecen en la vida diaria.
Solo cuando la salud mejora, su verdadero valor se hace evidente.
Julie ha presenciado esta revelación innumerables veces. La gente añora los días en que sus cuerpos se sentían fuertes y confiables. Hablan de momentos que antes vivían con prisas y que ahora perciben como regalos.
Lecciones que Julie ha aplicado a su propia vida
Ser testigo de estas reflexiones ha cambiado la forma en que Julie vive su vida.
Ha compartido que es más consciente de reconocer lo que de otro modo daría por sentado. Los pequeños momentos ahora tienen más significado.
Al final de cada día, mantiene una sencilla práctica de gratitud. No es elaborada ni requiere mucho tiempo. Anota las cosas cotidianas por las que está agradecida.
Poder caminar libremente.
Respirar sin esfuerzo.
Sentir la luz del sol en su piel.
Estos no son hitos dramáticos, pero son fundamentales para la comodidad y la independencia diarias.
Al observar estos momentos con regularidad, Julie dice que se mantiene conectada con el presente en lugar de asumir que mañana siempre será igual que hoy.
Hábitos que evita personalmente
A lo largo de sus años de experiencia, Julie también se ha vuelto más cautelosa con ciertos hábitos cotidianos.
Ha hablado abiertamente sobre las decisiones que evita porque ha visto cómo pueden afectar el bienestar a largo plazo.
Entre ellas se encuentran el consumo diario de alcohol, fumar o vapear, y las actividades recreativas de alto riesgo. Su perspectiva no proviene del juicio, sino de la observación.
Ha atendido a muchas personas cuyos problemas de salud podrían haberse reducido o retrasado con diferentes hábitos en etapas anteriores de su vida. Estas experiencias han moldeado su forma de abordar su propia salud con mayor cuidado y conciencia.
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