“Volver con quien te traicionó es como intentar pegar un espejo roto. Aunque logres unir las piezas, la grieta siempre estará ahí.”
Mucha gente me pregunta:
—¿No te arrepientes?
Negué con la cabeza.
Lamentar haber perdido a alguien que no te valoró, eso es lamentable.
Pero lamentar a un imbécil que te menosprecia, eso sí que es una tontería.
Un mes después, Ricardo me citó.
Fui, solo para ver en qué se había convertido el hombre que creyó haber ganado.
Estaba más delgado, con ojeras profundas.
—Elena… perdóname.
—No necesito esa disculpa.
—Me equivoqué.
—Si te equivocaste o no, ya no importa. Lo importante es que sepas lo que perdiste.
Ricardo bajó la cabeza:
—Aún me quieres, ¿verdad?
Me reí. Nunca una pregunta me pareció tan ridícula.
—Me quiero a mí misma, eso es lo primero.
—Pero… no puedo vivir sin ti.
—Sí puedes. ¿No estás intentándolo?
Ricardo me miró, con los ojos enrojecidos:
—Dame una oportunidad, ¿quieres?
Me incliné hacia adelante, mirándolo a los ojos:
—Una oportunidad es algo que solo se le da a quien sabe valorarla. Y tú no lo haces.
Temblando:
—Te extraño.
Dije suavemente, como un susurro:
—Y yo a ti no.
Me levanté para irme.
Ricardo no me detuvo. Quizás sabía que ya no tenía ese derecho.
Más tarde, mucha gente me preguntó:
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