Aquella noche empezó demasiado tranquila para…

Había cambiado en los últimos meses. No se había vuelto grosero. No se había vuelto frío. Se había vuelto distante. Como un hombre que ya había abandonado mentalmente la habitación, pero cuyo cuerpo seguía dentro.

Intenté justificarlo con fatiga, estrés, trabajo. Cualquier palabra lógica que no sonara a verdad.

Evolución

Empezamos a comer.

El sabor me parecía extraño; no estaba echado a perder, no era áspero, solo... soso. Lo atribuí a la fatiga. A la falta de sueño. A la ansiedad que distorsionaba mis sentidos.

Después de unos minutos, me costó sostener el tenedor. Sentía las manos pesadas, como si las estuviera levantando a través del agua. Intenté decirle algo a Evan, pero sentía la lengua torpe y las palabras se me desintegraban en la boca.

La habitación se volvió un torbellino.

Evan se frotó los ojos y se pegó a la mesa.

"Mamá... tengo mucho sueño..."

 

 

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