Carlos abrió la boca varias veces, pero ninguna palabra le salió completa.

 

 

Fue hasta la puerta del pasillo, la abrió y señaló hacia afuera.

—Vete.

Carlos se quedó helado.

—¿Qué?

—Que te vayas. Tú. No ella. No tu mamá. Tú.

Yo me quedé quieta.

No esperaba eso.

 

 

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