El silencio es saludable en una relación, excepto en estas cuatro situaciones

El silencio final: cuando evitas las conversaciones reales
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Este silencio es el más traicionero. A menudo se instala tras conflictos no resueltos. Evitamos hablar para evitar que se reaviven las tensiones, pero en el fondo, el miedo nos domina. Permanecemos en silencio, aguantamos los golpes… hasta el día en que nos derrumbamos.

En el lenguaje de los psicólogos, esto se llama evasión emocional: una forma inconsciente de evadir los propios sentimientos. Sin embargo, establecer límites emocionales es señal de madurez. Decir: “No estoy listo para hablar ahora, pero lo haré más tarde” puede aliviar mucha tensión. La clave es no dejar que el silencio se convierta en la norma.

Silencio digital: cuando responder se convierte en un esfuerzo
Recibir un mensaje de tu pareja y no tener la energía para responder… sucede. Pero si se convierte en un hábito, ya no es cuestión de agenda; es una señal de alerta.

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