Entró al juzgado con una fortuna en la mano y salió con algo que valía mucho más.

La cadena se expandió de forma constante y luego con un impulso imparable. Una tienda se convirtió en varias. Varias se convirtieron en una red regional, la mayor colección de supermercados de barrio de la zona. Los ingresos crecieron hasta alcanzar cifras que transforman la vida cotidiana. Una casa grande reemplazó el modesto apartamento. Autos de lujo reemplazaron la vieja camioneta. Llegaron invitaciones a eventos sociales que antes pertenecían a un mundo completamente distinto.

Alejandro se desenvolvía con naturalidad en medio del éxito. Trajes a medida y zapatos italianos reemplazaron la ropa práctica de los primeros años. Comenzó a asistir a reuniones de negocios de alto nivel y a hablar con la seguridad de un hombre que siempre había estado destinado a esto, o al menos había decidido comportarse como si así fuera.

Sofía seguía llegando al almacén con ropa vieja antes que nadie.

Se decía a sí misma que así debía ser. Que ella era la base y él la estructura, y que ambas partes eran esenciales. Usaba la palabra "sociedad" en su mente como algunos usan una brújula, como el punto fijo desde el cual todo lo demás se orienta.

La tarde en que esa brújula dejó de funcionar fue un martes cualquiera. Estaba afuera del hotel más caro de Monterrey cuando vio a Alejandro salir por la entrada principal. Llevaba el brazo alrededor de la cintura de una joven que se movía a su lado con la comodidad y naturalidad de alguien muy familiarizada con esa posición.

 

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