La madrastra abandonó a los gemelos y subió a un avión; el jefe de la mafia lo presenció… ¿Qué sucede después…?

PARTE 2: LA DEUDA DEL FUEGO

Santiago canceló su vuelo a Nueva York sin pensarlo dos veces.

Marco no hizo preguntas. Llevaba doce años trabajando con él y sabía reconocer los momentos en que el silencio era más útil que cualquier consejo.

El abogado le consiguió rápidamente el resto de la historia. La madre biológica de los niños había muerto de una enfermedad cuando ellos tenían dos años. Tomás se había vuelto a casar con una mujer llamada Diana Valdivia hacía poco más de un año. Después del accidente, ella cobró el seguro de vida, pagó algunas deudas y empezó a preparar una nueva vida en Cancún.

Una vida sin Mateo y Lucía.

—Quiero el número de la abuela paterna —ordenó Santiago—. Y todo lo que tengan de esa mujer.

La abuela se llamaba Rosa Cárdenas. Vivía en Guadalajara, tenía setenta y un años y una operación de cadera programada para el mes siguiente.

Santiago la llamó a las seis de la mañana.

Le contó lo ocurrido sin adornos. Al otro lado de la línea hubo un silencio áspero, lleno de dolor viejo y miedo nuevo.

—¿Están a salvo? —preguntó por fin doña Rosa.

—Sí.

—Entonces voy para allá.

—Yo le arreglo el vuelo.

 

 

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