En los últimos instantes de su vida, el Papa Francisco, conocido mundialmente por su sencillez y empatía, dejó un mensaje final que ha tocado profundamente a quienes lo admiraban. Sus palabras finales, dirigidas a alguien muy cercano pero alejado del protagonismo público, han sido recientemente reveladas y han causado una ola de emociones tanto dentro como fuera del Vaticano.

Lejos de pronunciar un discurso ante la multitud o despedirse entre símbolos de poder, el Papa eligió expresar su gratitud a quien lo acompañó silenciosamente durante sus años más frágiles. Se trata de Massimiliano Strappetti, su enfermero personal, a quien conocía desde hacía años y que estuvo junto a él en momentos clave de su salud, incluyendo su dura batalla contra una neumonía doble.
Con voz suave y cansada, el pontífice le dijo: “Gracias por traerme de vuelta a la Plaza de San Pedro”, en referencia al paseo final que hizo por el Vaticano a bordo del Papamóvil. Aquel recorrido, lleno de saludos, sonrisas y gestos de afecto hacia los fieles, fue improvisado. No estaba en la agenda. Pero él insistió en realizarlo tras la bendición de Urbi et Orbi del Domingo de Resurrección. Antes de salir, incluso preguntó: “¿Cree que podré hacerlo?”, mostrando la fragilidad de su estado y, al mismo tiempo, su firme deseo de conectar con la gente una vez más.
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