Me convertí en madre soltera a los 17 años. Años después, mi hijo se hizo una prueba de ADN para encontrar a su padre y descubrió una verdad que me dejó sin aliento

***
A las seis, Leo y yo íbamos en mi coche rumbo a dos condados más allá, con mis padres siguiéndonos en la camioneta de papá como si esto fuera ahora un asunto familiar.

Leo no dejaba de releer los mensajes de Gwen. Yo mantenía las dos manos en el volante porque si lo soltaba, pensaba que me derrumbaría.

Gwen vivía en una casita blanca con macetas de flores caídas en el porche. Mis padres prometieron quedarse en la camioneta a menos que los necesitáramos. Abrió la puerta antes de que llamáramos.

Tenía la boca de Andrew. Casi me da un infarto.

Leo no dejaba de releer los mensajes de Gwen.

—¿Heather? —preguntó.

Asentí.

Empezó a llorar. —Lo siento mucho.

Luego miró a Leo y se tapó la boca. —Dios mío. Cariño, te pareces muchísimo a él.

Leo me miró, impotente.

Me acerqué y la abracé.

—Lo siento mucho.

***

Dentro, no perdió el tiempo.

—La caja está arriba —dijo—. Tiene todas las cartas suyas que pude encontrar.

—¿De verdad las tienes todas? —preguntó Leo en voz baja.

 

 

Gwen asintió. —Las encontré después de que nuestra madre muriera el invierno pasado.

Nos condujo al ático. Hacía calor y olía a papel viejo.

Luego se arrodilló junto a un cajón y levantó la tapa.

—La caja está arriba.

Cartas. Montones de ellas, junto con tarjetas de cumpleaños y sobres devueltos, mi nombre escrito con la letra de Andrew.

Me fallaron las piernas y me senté en el suelo.

Leo se dejó caer a mi lado. Gwen me entregó el primer sobre con ambas manos, como si fuera a romperse.

—Empieza por ahí —dijo.

Lo abrí.

Leo se sentó a mi lado.

—Heather,

Sé que esto se ve mal. Por favor, no creas que te dejé. Estoy intentando volver. Lo prometo.

— A.

Sentí que me faltaba el aire.

—¿Mamá? —susurró Leo.

No pude responder. Tomé otra carta.

—No sé si me odias. Mi madre dice que sí. No le creo, pero no sé cómo contactarte de otra manera.

—Oh, no, no, no —murmuré.

—Sé que esto se ve mal.

Leo se acercó. —¿Qué pasa?

 

 

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