Me echaron de mi casa cuando mi esposo acababa de morir, sin saber que él ya había preparado todo para que nadie pudiera arrebatarme nada.

Papeles revueltos.
Una carpeta abierta.
Y el hueco exacto donde Alejandro guardaba una llave USB negra.

El hueco me gritó la verdad.
Alguien ya había buscado allí.

—¿Dónde está? —pregunté, sin elevar la voz.

Doña Teresa me miró con una inocencia mal actuada.

—No sé de qué hablas.

 

 

ver continúa en la página siguiente