Mi madrastra me dio 36 horas para salir de la casa de mi padre justo después de su funeral. El karma le dio el regalo que merecía.
Y así fue.
Una semana después, di a luz a dos niñas sanas con los ojos verdes de Ethan. Las llamé Lily y Grace.
Ahora, cada noche, mientras duermen a mi lado, siento la presencia de mi padre: en las paredes de esta casa, en la brisa que entra por las ventanas, en el amor que aún nos rodea.
No solo dejó propiedades. Me dejó fuerza, seguridad y la valentía para mantenerme firme.
¿Veronica? No es más que un amargo recuerdo.
Mi padre me dio más que una casa. Me dio el cierre...
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