Mi madrastra me dio 36 horas para salir de la casa de mi padre justo después de su funeral. El karma le dio el regalo que merecía.

Mi madrastra intentó echarme de casa mientras esperaba gemelos, pero mi padre tenía preparada una última sorpresa que lo cambió todo.
Soy Emily, tengo 24 años y, siendo sincera, siento que la vida me ha dado un vuelco.

No es que haya crecido en un cuento de hadas. Las cosas estaban lejos de ser perfectas, pero seguí adelante. Trabajaba a tiempo parcial en una acogedora librería, intentando terminar la universidad, y compartía un pequeño apartamento con Ethan.

Ethan no era solo mi novio. Era mi ancla, mi lugar más seguro en el mundo. Me cogía de la mano cuando la ansiedad me invadía y contaba chistes ridículos hasta que me reía tanto que me dolían los costados. Trabajaba de mecánico: siempre con los dedos manchados de grasa, una sonrisa amable y el corazón más bondadoso que se pueda imaginar.

Entonces, una noche, simplemente... no volvió a casa.

El golpe que siguió lo destrozó todo.

 

 

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