Para ver el verdadero carácter de alguien, fíjate sólo en dos cosas.

 

Habla solo cuando sus palabras son mejores que su silencio.


El conocimiento de su propia oscuridad

Conocer las propias sombras es una de las mayores señales de madurez.
Quien reconoce sus defectos puede manejar mejor los de los demás.

Las personas que creen tener siempre la razón no aprenden nada de la vida. La humildad abre caminos que el orgullo mantiene cerrados.


La relación con la verdad y los errores

El mentiroso pierde credibilidad incluso cuando dice la verdad.
En cambio, quien reconoce errores, asume culpas y aprende de sus fallas construye respeto a largo plazo.

Todos cometemos errores. La diferencia está en quién aprende de ellos y quién los repite.