“Solo me queda un año de vida. Cásate conmigo, dame un hijo y tu familia no volverá a tener problemas económicos”, dijo el rico terrateniente.

Pero en su noche de bodas, algo le sucedió a la muchacha que la dejó completamente horrorizada, y a la mañana siguiente huyó de la casa.

Cuando su esposo se durmió, la niña no pudo dormir. La casa parecía extraña y fría. Se levantó para caminar por el pasillo y, sin querer, vio una luz en la oficina. La puerta estaba entreabierta.

Los papeles estaban sobre el escritorio.

No pretendía leer los documentos de otra persona. Pero su mirada se fijó en palabras familiares: fecha, firma y sello de la clínica.

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