Su suegra y la amante de su marido solicitaron el divorcio después de que ella diera a luz, pensando que era una "don nadie", sin saber que era la verdadera dueña del hospital y del imperio que las alimentaba.
—La ilusión se acabó, Elena, así que firma los papeles del divorcio y deja de fingir que este matrimonio aún existe —añadió Vanessa con una suavidad burlona que solo profundizó la herida.
Elena reunió las fuerzas que le quedaban y extendió la mano hacia Victor, rozando apenas su manga con los dedos mientras luchaba por incorporarse en la cama.
—Víctor, por favor, di algo, porque me prometiste que todo sería diferente —suplicó ella, buscando en su rostro algún rastro del hombre al que una vez amó.
Víctor retiró lentamente el brazo y finalmente la miró, pero sus ojos solo reflejaban agotamiento y una silenciosa cobardía que aniquiló la poca esperanza que le quedaba.
—Elena, intenta comprender nuestra situación, porque la empresa de mi familia se está hundiendo y necesitamos desesperadamente inversores y contactos influyentes —dijo con un tono controlado pero distante.
—¿Qué puedes ofrecernos en un momento como este, cuando no tienes riqueza, ni influencia, ni contactos? —continuó, evitando su mirada llena de lágrimas.
—Llegaste de la nada y no trajiste nada contigo, excepto tu dependencia de esta familia —añadió, sus palabras hiriéndola más profundamente de lo que jamás hubiera imaginado.
Margaret dio un paso al frente con autoridad y señaló directamente a Vanessa, como si presentara la solución a su problema.
—Vanessa es la hija del dueño de una importante corporación siderúrgica, y su matrimonio con Víctor salvará todo lo que hemos construido —declaró Margaret con orgullo.
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