Un bebé recién nacido fue abandonado en silencio por sus adinerados padres debido a una marca en su rostro, y finalmente fue criado por una enfermera con puro amor.

Esa noche, Evelyn no podía sacarse de la cabeza la carita, la mancha de nacimiento roja y la frialdad que sus padres le habían dejado. Unas semanas después, hizo algo que nunca antes había hecho: solicitó la custodia temporal de la niña.

El proceso fue largo, lleno de papeleo, pruebas y preguntas. Pero Evelyn perseveró. No idealizaba la situación; sabía lo difícil que sería criar a un hijo como madre soltera. Sin embargo, cada vez que veía al pequeño, sabía que no tenía otra opción.

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