Una mujer evangélica solo acudió para acompañar a su nieta ciega a la tumba de Carlo Acutis, y se marchó llorando.

“Los santos son simplemente la forma en que Jesús demuestra que su amor trasciende las fronteras denominacionales que los humanos creamos con nuestra limitada comprensión espiritual.”

Inmediatamente, los ojos de Isabella se abrieron con una visión perfecta por primera vez en su vida, y la primera imagen nítida fue mi rostro lleno de lágrimas.

En ese momento comprendí que todo lo que había creído sobre las divisiones entre católicos y protestantes estaba siendo puesto a prueba por una intervención divina que trascendía las categorías doctrinales humanas.

Pero permítanme retroceder un poco y contarles cómo llegamos a ese momento, porque la transformación no comenzó con el milagro, sino días antes con una decisión difícil.

Fue el 5 de octubre cuando finalmente cedí a las súplicas de Isabella, después de semanas de oración y de pedirle a Dios una guía clara sobre qué hacer en esa situación.

Isabella había perdido peso, se negaba a comer bien y los médicos estaban cada vez más preocupados por su estado emocional, lo que aumentó mi angustia como abuela.

Esa mañana mi hijo Robert me llamó con la voz quebrada, desesperado porque Isabella no había vuelto a comer y había escrito un mensaje pidiéndole ayuda a Jesús.