«Mamá, qué bien que ya estéis todos instalados», dijo mi hijo Álvaro con ese tono apresurado que usa cuando ya ha tomado una decisión. «Mira, hemos estado pensando que este verano nos iremos todos a la casa. Laura, los niños… y sus padres también. Como es grande, tiene sentido».
Me quedé callada unos segundos, mirando el mar por la ventana.
—Claro… —respondí finalmente.
—Genial. Ah, y para que estemos más cómodos, puedes usar la habitación pequeña de atrás. La suite principal es mejor para nosotros con los niños, ¿sabes?
—Ya sabes. —Como si fuera lo más lógico del mundo.
Tragué saliva y sonreí, aunque él no pudiera verme.
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