Cantinflas salvó inocente de ejecución – 72 horas para probar verdad…
Tenía sangre en su ropa. No tenía cuartada sólida. El juicio duró tres semanas. Fue declarado culpable, sentenciado a muerte. Había estado en el corredor de la muerte por 6 años. Las apelaciones habían fallado. La ejecución. 15 de marzo 1967. en tr días. Pero mientras Cantinflas leía el expediente, algo no cuadraba. La sangre en la ropa de José Luis era tipo o positivo. Las víctimas eran tipo A negativo. ¿Por qué nadie mencionó eso en el juicio? Los testigos que lo vieron cerca de la casa esa noche dijeron que usaba camisa azul, pero la camisa con sangre que presentó la policía era blanca.
Y lo más extraño, José Luis tenía un recibo de una cantina a 20 km de distancia con fecha y hora del asesinato, pero el juez lo descartó como fácilmente falsificable. Cantinflas cerró el DSON expediente. Su corazón latía rápido. Llamó a su abogado personal Ramón González. Ramón, necesito que veas algo. Dos horas después, Ramón llegó, leyó el expediente completo. Mario, este hombre es inocente. ¿Estás seguro? Tan seguro como puedo estar sin reinvestigar. Hay demasiadas inconsistencias, demasiadas pruebas ignoradas.
Este fue un juicio rápido, sucio. Probablemente presionaron para cerrar el caso rápido. Tenemos tr días. Es imposible. Necesitaría semanas solo para presentar una apelación, meses para investigar, años para un nuevo juicio. Pero va a morir en tres días. Lo sé y es una tragedia, pero legalmente no hay nada que hacer. Cantinflas miró la carta de nuevo. Las palabras. Quiero reír una última vez. Voy a visitarlo. ¿Qué? Voy a Lecumberry. Ahora vienes conmigo. Ramón dudó. Luego asintió. Vamos.
Lecumberry era aterrador. Paredes grises de 10 m de altura, alambre de púas, torres de vigilancia. Un lugar diseñado para romper el espíritu humano. Los guardias reconocieron a Cantinflas inmediatamente. Cantinflas, ¿qué hace aquí? Vengo a visitar a un reo, José Luis Herrera. El guardia frunció el ceño. El que ejecutan el jueves, ¿para qué quiere verlo? Motivos personales. El guardia los escoltó a través de pasillos oscuros, húmedos, que olían a desesperanza. Pasaron celdas llenas de hombres. Algunos gritaron al ver a Cantinflas.
Cantinflas, Cantinflas, ayúdame. Era desgarrador. Llegaron al pabellón de sentenciados 12 celdas, 12 hombres esperando morir. Celda 47. José Luis Herrera estaba sentado en un catre miserable, delgado, pálido, barba descuidada. Pero cuando vio a Cantinflas, sus ojos se iluminaron como los de un niño. No, no puedo creerlo. Realmente vino. Cantinfla se acercó a los barrotes. Vine. Leí tu carta y tu expediente. Mi expediente, sí. Y José Luis, yo no creo que seas culpable. Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de José Luis.
Nadie, nadie me ha creído en 6 años. Ni mi familia, ni mis amigos, nadie. Yo te creo y vamos a probar tu inocencia en tres días. Es imposible, tal vez, pero vamos a intentar. El guardia interrumpió. Señor Cantinflas, tiene 30 minutos. Necesito más tiempo. Son las reglas. Cantinfla se volteó hacia él. Ya no era el comediante, era Mario Moreno, el hombre de Tepito, que no aceptaba injusticia. ¿Sabes qué? Las reglas pueden cambiar. Quiero hablar con el director de la prisión ahora.
El guardia tragó saliva. Nadie le hablaba así. Yo no puedo. Sí puedes. Ve y dile que Cantinflas quiere verlo, que es urgente, que es sobre un hombre inocente que está a punto de morir. El guardia se fue corriendo. 10 minutos después llegó el director, un hombre mayor con uniforme impecable, rostro severo. Cantinflas, es un honor, pero no puede director. Este hombre es inocente. Eso lo determinó un juez, un juez que ignoró evidencia, que descartó pruebas, que cerró el caso en tiempo récord.
No puedo hacer nada. La sentencia está firmada. La ejecución está programada. Cantinflas dio un paso adelante. ¿Usted tiene hijos, director? Sí, tres. ¿Y si uno de ellos fuera condenado injustamente? Si supieras en tu corazón que es inocente, pero nadie te creyera, ¿qué harías? El director no respondió inmediatamente. Sus ojos mostraron algo. Duda, conciencia. Pelearía hasta el último segundo. Exacto. Y eso es lo que le pido. Deme tiempo, deme acceso, déjeme investigar. Si en tres días no encuentro nada, la ejecución sigue.
Pero si encuentro algo, no vale la pena intentar. El director miró a José Luis, luego a Cantinflas. Suspiró. 72 horas. Acceso completo al expediente, a los testigos si aceptan hablar, a la escena del crimen si aún existe, pero Cantinflas, si no encuentra nada sólido, nada cambia. ¿Entendido? Pero lo que Cantinflas no sabía era que alguien muy poderoso no quería que este caso se reabriera, alguien que había estado involucrado en el juicio original y esa persona estaba a punto de hacer todo lo posible por detener la investigación.
Incluso si eso significaba amenazar la vida de Cantinflas mismo. 72 horas, tr días para deshacer 6 años de injusticia. Cantinflas y Ramón trabajaron sin parar. Dividieron las tareas. Ramón revisaría el expediente legal con Lupa. Buscaría errores procesales, pruebas ignoradas, testigos no interrogados. Cantinflas iría a la escena del crimen. Hablaría con vecinos. Buscaría cualquier cosa que la policía hubiera pasado por alto. Primera parada, la casa en Coyoacán, donde ocurrió el asesinato. Estaba abandonada. Nadie quería vivir ahí después de lo que pasó.
ver continúa en la página siguiente
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
