Carlos abrió la boca varias veces, pero ninguna palabra le salió completa.
Y dije la única frase que de verdad importaba:
—Siete años me tomó entenderlo, pero por fin lo aprendí: el amor no es cargar sola con lo que otro abandona.
Después cerré la puerta.
Y esta vez, por primera vez en muchísimo tiempo, no sentí que estaba dejando una casa atrás.
Sentí que por fin estaba saliendo de una prisión.
ver continúa en la página siguiente
