Entre la expectativa y la supervivencia
—Que todo iba a cambiar.
Elías miró el horizonte, donde los rieles invisibles seguían atravesando la montaña como cicatrices viejas.
—No —dijo—. Sólo supe que nadie debía quedarse congelándose cuando aún quedaba fuego en la tierra.
Mariana cerró los ojos.
Y en ese instante, por primera vez en mucho tiempo, ya no pensó en el tren que la había dejado atrás.
Pensó en el camino que, por fin, la había traído a casa.
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