“Es demasiado grande…” susurró. El ranchero se sorprendió con la solicitud de la novia por correspondencia.

El viento de Wyoming no recibía con agrado a los desconocidos. Los ponía a prueba. La mañana en que Maggie Ur llegó a Bitter Creek, el viento arañó la tierra como una cuchilla, levantando polvo y azotándolo contra las paredes de madera de la parada de diligencias de Sweetwater. Las montañas a lo lejos no eran suaves ni hermosas. Parecían dientes rotos mordiendo un cielo demasiado ancho para su comodidad.

Eli Mercer estaba junto al poste de enganche, con la mano enguantada apoyada en la lisa madera gris. Desplazaba el peso con cuidado. Aún le dolía la pierna izquierda del accidente ocurrido tres inviernos antes, cuando un caballo presa del pánico lo aplastó en un ventisquero. El dolor nunca desapareció del todo. Era un recordatorio de todo lo que había perdido.

Tenía 34 años y esperaba esposa.

 

 

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