Isabella no dijo nada.
En sus tres años dentro de la familia Castellano, había aprendido algo importante.
A veces el silencio hablaba más fuerte que las palabras.
El ultimátum
El abogado de la familia, el señor Caldwell, se aclaró la garganta y acercó con suavidad el acuerdo de divorcio hacia ella.
“Los términos son bastante sencillos”, dijo con tono profesional y sereno.
“Renuncia a cualquier derecho de pensión, propiedad y a cualquier interés financiero futuro relacionado con la familia Castellano.”
Hizo una breve pausa.
Luego añadió con cuidado:
“A cambio, los Castellano aceptan no divulgar ciertas… pruebas comprometedoras sobre su conducta personal.”
Las palabras eran corteses.
El mensaje era brutal.
Firma en silencio.
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