No era un juego.
No era imaginación.
Era miedo: puro, urgente y demasiado real para una niña de su edad.
Estaba en el fregadero de la cocina, enjuagando una taza de café, fingiendo que el silencio en la casa significaba paz. Treinta minutos antes, Ethan me había besado la frente, arrastrado su maleta por el suelo y prometido que volvería el domingo por la noche.
Había sonreído.
No con calidez.
Con alivio.
Ahora Mia estaba en el umbral, descalza, temblando.
—¿Por qué nos iríamos? —pregunté, intentando disimular.
Se le llenaron los ojos de lágrimas. —No tenemos tiempo —susurró—. Oí a papá anoche. Dijo que hoy es el día… y que no estaremos aquí cuando termine.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Qué dijo exactamente?
Tragó saliva con dificultad. —Le dijo a alguien que hiciera que pareciera un accidente… y luego se rió.
Sentí un escalofrío.
ver continúa en la página siguiente
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
