Nadie notó a la niña esclava en el retrato, hasta que un zoom reveló lo que cargaba.
10%.
25%.
50%.
Y entonces lo vio.
La niña no estaba solo parada.
Sostenía algo entre sus manos.
Algo envuelto en tela.
Mateo acercó aún más.
Su estómago se contrajo.
No era un objeto.
Era un bebé.
Un recién nacido.
La niña lo sostenía con cuidado.
Pero eso no fue lo más perturbador.
El rostro del bebé estaba parcialmente oculto…
por una marca oscura alrededor del cuello.
Como un moretón.
Mateo retrocedió de la pantalla.
—Esto no puede ser real…
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