Hay minerales que pasan desapercibidos en nuestra dieta diaria, pero cuya deficiencia se nota en forma de molestias que parecen no tener explicación. Dolores de huesos, esa ansiedad inquietante, la depresión que nubla los días, los nervios que te ponen la piel de gallina, la pesadez en las piernas e incluso complicaciones relacionadas con la diabetes… ¿Y si te dijera que un solo ingrediente puede ser un poderoso aliado para todo? Ese ingrediente es el magnesio.
El magnesio es un mineral esencial que participa en más de 300 reacciones bioquímicas de nuestro cuerpo. Es el gran regulador silencioso: relaja los músculos (aliviando dolores y calambres óseos), calma el sistema nervioso (combatiendo la ansiedad y la depresión), mejora la sensibilidad a la insulina (ayudando a controlar la diabetes) y activa la circulación (eliminando ese peso tan molesto). Cuando nuestros niveles están bajos, el cuerpo empieza a enviar señales de ayuda en forma de estas dolencias.
Lo mejor es que no necesitas suplementos sintéticos complejos. La naturaleza y tu cocina pueden ofrecerte magnesio en una forma deliciosa y fácil de absorber. Aquí te comparto tres recetas sencillas para incorporar este mineral a tu vida.
Ingredientes:
2 tazas de sales de Epsom (las puedes encontrar en farmacias o herboristerías).
Agua caliente (no hirviendo).
Opcional: unas gotas de aceite esencial de lavanda para favorecer la relajación.
Preparación:
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